Anne Carson es una singular exploradora de los tiempos, cuyos viajes literarios se articulan a través de la ligüística y la cultura. La poeta y ensayista canadiense se ha caracterizado por hilar un sinfín paisajes plenos de sensaciones ajenas al paso de las centurias; y el resultado es el de un grupo de múltiples cosmos, donde el heroísmo homérico junta sus intenciones trascendentales y éticas con las pulsiones apasionadas de Emily Brontë, mientras vertebra sus agitadas respiraciones existenciales mediante las asfixias consustanciales a las revolociones silenciosoas de Virginia Woolf.
La concesión del Nobel de Literatura a Carson reconoce la trayectoria de una experta en captar los vaivenes sensibles de la eras y los pueblos. En su discurso se pueden localizar los ecos sorpredentes del clasicismo grecoromano, para transformarlos en expresiones de eternidades épicas, donde lo contemporáneo acoge el disfraz de los versos salubres de mitologías adormecidas, atrapadas entre el velo de la tecnología y las luces disidentes de los neones ilusorios.
Safo de Lesbos, la conocida por Platón como la décima musa, fue la llave por la que la entonces joven Carson accedió al universo de la antigüedad, y se convittió en una especie de nexo emocional con el que ha trazado una producción escrita fuerte en metáforas, ligera en pretensiones de vacuidad intelectual y enriquecedora en evocaciones inspiradoras.
La poesía de Carson, que es el motivo principal por el que le ha sido concedido el Nobel de Literatura, se entiende como un vehículo para acceder a la esencia del ser humano, entendido como pilar de la cultura occidental. Un sutil estilete con el que abrir el corazón de un caleidoscopio de ideas planetarias, en el que subyacen la amargura vivencial de Emily Dickinson, la catarsis oscura y anhelante de Paul Celan, el cosmopolitismo sensible de Gertrude Stein o el misticismo calórico de Simone Weil.
ANNE CARSON HA GANADO EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA POR SU CAPACIDAD PARA CONECTAR EL CLASICISMO CON LA MODERNIDAD
“Anne Carson es una escritora culta, inquietante y atrevida“, llegó a afirmar Susan Somtag. Esa conformación de la autora canadiense como un lugar común, en el que confluyen de Homero a Hegel, de Eurípides a Keats, de Safo a Kafka, da constancia del potente arco profesional que cubren los trabajos de la actual premio Nobel de Literatura. Un ejemplo latente de semejantes ideas transformadoras se puede hallar en las páginas de Autobiografía de rojo: una novela en verso (La Cruz del Sur/ Pre-Textos). En este libro de deslumbrante curso narrativo se funde el bautismo divinizante de escenarios figurados, con los latidos impenitentes de la mortalidad de los entes vulnerables. Una dualidad que se convierte en un leitmotiv necesario y estimulamte, y que Carson recrea con el pálpito de sus traducciones de Safo de Lesbos.
Uno de los textos más significativos en el currículo versificado y ensayista de la creadora norteamericana es Decreación (Vaso Roto): un término tomado prestado de la filosofía de Simone Weil, consistente en deshacerse de la criatura artificial que hay en cada uno de nosotros. De esta manera, frente a la mitificación del individualismo y del yo como ser omnipresente, hay que generar una disolución progresiva de la idiosincrasia propia.
Eros the Bittersweet (la excelente tesis doctoral de Carson, publicada en 1986), la traducción de La Orestiada de Esquilo, La belleza del marido (Lumen) o Neox (Vaso Roto) son títulos imprescindibles de esta estudiosa de la literatura comparada y de la antropología, que no escapa a la necesidad de enlazar los laberintos presentes con las leyendas inacabables de los dioses del Olimpo, mientras los poetas inmortales lanzan sus dardos al corazón de la anhelante y confusa humanidad.
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