Steve McQueen Steve McQueen presenta en el museo Guggenheim de Bilbao su instalación 66-76-26/ Foto: Museo Guggenheim y Steve McQueen.
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Steve McQueen presenta, en el museo Guggenheim de Bilbao, su instalación 66-76-26/ Foto: Museo Guggenheim y Steve McQueen.

 

Steve McQueen es un artista al que le gusta romper las barreras de las disciplinas plásticas tradicionales, para asentar sus proyectos en un terreno dominado por las emociones a golpe de imágenes y sonidos, sin reglas aparentes que puedan impedir que las obras se expresen con toda la potencia y sensibilidad que estas reclaman; siempre pendientes de dar rienda suelta a su adn a base de píxeles o variaciones atmosféricas. En 1999, McQueen se alzó con el prestigioso premio Turner, por una instalación de enorme poso nostálgico y memorístico; y en 2014, el creador británico logró el Oscar de Hollywood como Mejor Director, por el film 12 de años de esclavitud.

La exhibición que el responsable de Shame despliega en el museo Guggenheim de Bilbao, hasta el próximo 21 de febrero de 2027, describe una línea argumental asentada en la tranquilidad de la escucha, y ambientada en un espacio en penumbra permanente; un lugar que despierta un  sinfín de historias colindantes, sugeridas por el momento artístico que McQueen emulsiona simplemente con dos de las versiones más conocidas de la canción Wild Is The Wind.

La lírica encendida e hipnótica de la letra ideada por Dmitri Tiomkin y Ned Washington, incluida en el film Wild Is The Wind (George Cukor, 1957), le permite a StMcQ desarrollar un caudal de sentimientos desbocados, relacionados con la urgencia de abandonarse a una pasión amatoria salvaje y agreste, con el viento amenazante en el exterior.

Steve McQueen
Steve McQueen relaciona 1966 con el cover de Nina Simone del tema Wild Is The Wind.

 

La sala del Guggenheim en la que se alberga el etéreo discurso de 66-76-26, oscurecida en una tenebrosidad agradable y seductora, invita a los espectadores a tomar asiento, o a dejarse llevar por paseos imaginarios en torno a muros artísticos invisibles. Un viaje imaginario que lucha contra el silencio y la opresión, itinerario a lo desconocido que se rompe por las entonaciones a capella de Wild Is The Wind, interpretadas por Nina Simone y David Bowie. La fuerza de los diferentes tonos de voz revela la singular evolución de los tiempos, ilustrados por los versos rotos de dos maestros de los universos sinuosos e hipnóticos, como fueron Simone y Bowie: tan sinceros y dramáticos, tan expansivos e inmanentes…

STEVE McQUEEN CONSIGUE COMPRIMIR EL PASO DEL TIEMPO, A TRAVÉS DE LAS VOCES RECONOCIBLES DE NINA SIMONE Y DAVID BOWIE

La música unida a las pulsiones de lo visual, sin por ello tener que abrir los ojos y asomarse al abismo de la irrealidad socialidada por el contexto, conforma el núcleo conceptual de 66-76-26: un viaje por las décadas, para el que solo hay que estar dispuesto a buscar signifacdos a las notas, a las inflexiones de la voz y a los adagios y crecendos de las teclas de un piano. Las cadencias del “ámame” que incia el curso de Wild Is The Wind resuenan como ecos ilusorios de una naturaleza en estado de descomposición imparable, a la vez que los ruegos afectivos se transforman en lamentos de un fin del mundo individualizado, que está a punto de llegar.

El director George Cukor se quedó prendado de la canción ideada por Tiomkin y Washington, quienes impulsaron su ritmo somnoliento a través del nervio activo de Johnny Mathis. Semejante tema, tan íntimo y sincero, sirvió de presentación del film Wild Is The Wind: una historia sobre un inmigrante que vive en un rancho en Nevada (Estados Unidos), y el cual trae a esas tierras a una mujer italiana, para que se convierta en su segunda esposa. Las caracterizaciones temperamentales y al borde de la locura de Anthony Quinn y Anna Magnani se vieron reflejadas en la canción principal, que ha obsesionado a McQueen desde hace más de treinta años.

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Steve McQueen utiliza la versión de David Bowie, de Wild Is The Wind, como elemento fundamental de la instalación.

 

En 1966, Nina Simone grabó un cover sorprendente y épico de Wild Is The Wind: una interpretación que eleva el tono oculto en la letra, y que muestra la enorme necesidad de querer cuando todo está a punto de desmoronarse; algo que expresa Simone mediante un piano doliente, capaz de someter sus melódicos trazos a la dictadura autodestructiva de una naturaleza en solemne rebeldía.

Algo diferente fue el sentido que David Bowie dio a la misma composición, y que incluyó en su disco Station To Station, de 1976. El cantante británico aportó una conmovedora profundidad cavernosa a la declaración de intenciones afectivas elaborada por Tiomkin y Washington; y ese documento de signo vaporoso y atemporal sirve a la instalación de McQueen para llevar a los visitantes a un espacio diferente al evocado por Simone.

Un duelo de versiones que nunca se exlcuyen mutuamente, una misma canción con distintos envoltorios, un vehículo bifocal concitado para desatar sentimientos, un refugio apartado de la agobiante actualidad del mundo exterior… Steve McQueen captura el disfrute del subconsciente sobre la conciencia, de la sinrazón sobre los pensamientos cerebrales, de la sencillez conceptual sobre los barroquismos vacuos de las intelectualidades marmóreas; y lo hace con el emblema misterioso de 66-76-26.

Nota: Steve McQueen 66-76.26 estará en el Museo Guggenheim de Bilbao hasta el próximo 21 de febrero de 2027.

Más información, entradas y horarios en

https://www.guggenheim-bilbao.eus

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